Solo Para Adultos

«Explícamelo como si tuviera cinco años» le dijo un conductor de la TV al físico que entrevistaba, esperando entender rápidamente por qué nada puede superar la velocidad de la luz. Videos cortos con explicaciones en YouTube, tutoriales de cualquier cosa, stories en redes sociales de pocos segundos, y resúmenes de libros por doquier parecen reforzar este momento de la cultura: esquivemos la complejidad.

Como audiencia, parece que nos hemos adaptado de maravilla: según un estudio de la Universidad de Columbia, un 59% de los contenidos que se comparten en las redes sociales nunca han sido leídos. El título, quién lo compartió y la emoción que nos provoca parecen suficientes, especialmente si encaja con nuestro sesgo de confirmación (aquella tendencia cognitiva que tenemos para preferir siempre la información que ratifica eso que creemos).

Lo complejo nos asusta. En la brillante obra del Nobel Daniel Kahneman «Pensar rápido, pensar despacio», el psicólogo cognitivo devenido referente de los economistas describe a nuestra mente trabajando sobre dos modos de pensamiento: el sistema 1, que opera de manera automática con poco o ningún esfuerzo y el sistema 2, para actividades mentales de mayor esfuerzo, como los cálculos complejos.

El sistema 2 demanda gran cantidad de energía y por defecto no es el modo habitual de nuestro cerebro, reservado para resolver problemas novedosos, entender procesos con muchos componentes e interrelaciones complejas, buscar en nuestra memoria o en general, pensar racionalmente. El cerebro, evolutivamente ávido de ahorrar energía, tiende a operar en el sistema 1 la mayor parte del día.

Nuestra perpetua sensación de racionalidad no es más que una ilusión: los hábitos y automatismos del sistema 1 nos guían por la vida.

Educando-nos. La duración del turno escolar de 8 horas, la ubicación de los alumnos en filas, y el entrenamiento para hacernos buenos en tareas repetitivas resalta la lógica subyacente a nuestro sistema educativo: nos prepara para trabajar. De la escuela elemental a la universidad, vamos dominando las habilidades técnicas ajustadas a los puestos laborales que necesitarán los sectores industriales.

¿Pero qué ocurre cuando el paradigma cambia? nuestros padres y abuelos lucharon para crear estabilidad, asegurarnos la universidad y el acceso a la información. Nadie parece haber imaginado el día después: el producto de un crecimiento vertiginoso de personas, disciplinas, datos y conexiones. Aquellos que ya lo entendieron van ganando terreno exponencialmente: los creadores de algoritmos e inteligencias artificiales, redes sociales, plataformas y nuevos modelos son quienes han visto que el mundo es un sistema complejo.

Sistemas versus historias. El estudio de los sistemas complejos nace en la década de los 70 de la mano de físicos y biólogos, combinando desde la teoría de redes y las matemáticas, hasta el estudio de la economía y el caos. Básicamente, hablamos de modelos donde muchos nodos (como personas, células u organizaciones) se interrelacionan entre sí, operando con acciones que influencian al entorno y resignifican constantemente su medio cercano y lejano.

En un sistema complejo, el observador no puede ver todas las variables: el sistema posee más información que la de cada parte independiente. Para entenderlo, no solo debemos conocer sus componentes, sino también cómo funciona el todo, una vez que están relacionadas.

Ver los eventos del mundo a través de esta óptica es claramente una disrupción a la lógica reinante en los medios y libros de texto: la de las historias. Pensar los eventos en la clave de la complejidad requiere tener en cuenta que las cosas ocurren de manera simultánea, y afectan a muchos nodos (como personas u organizaciones) que reaccionarán de manera particular. Estas interacciones ocasionarán una multiplicidad de resultados, que coexistirán y seguirán sus caminos.

Las historias, en cambio, son más amigables: el evento o sujeto A genera uno B, y en consecución haremos la acción C…resultan lineales, fáciles de entender y muestran culpables y soluciones. Nuestro sistema 1 las ama. No paran de proliferar en las redes sociales, los discursos políticos, las exposiciones de prensa, el «storytelling» de las marcas, la comunicación de los gobiernos y hasta en las explicaciones simplificadas de algunos científicos.

¿Pero, cómo puede un dispositivo lineal explicar un fenómeno reticular y simultáneo**? La respuesta corta es que no puede, tanto como una simple suma no puede representar el movimiento de las moléculas de aire por el ala de un avión: no es el soporte adecuado.**

Ya sea para entender nuevos mercados, próximas disrupciones o definir modelos mentales para comprender una pandemia y sus consecuencias, la claridad solo se encuentra al otro lado de la complejidad.

Sumergirnos en cursos, libros, documentales, tomar notas…y dejar que asienten. Plantear los sistemas que nos rodean en mapas mentales y ver como evolucionan. Cruzar disciplinas y ver como se complementan. Hacer muchas preguntas. Pensar con el sistema 2. Estas son algunas de las opciones que tenemos para escapar de la simplicidad de las historias hacia la novedad de los sistemas que reflejan la realidad.

Quizás ha llegado el momento de decir ¿Me lo explicas como a un adulto?

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2 thoughts on “Solo Para Adultos

  1. O no. Cuando evitamos la complejidad, buscamos lo fácil, evadirnos , no cansar más la cabeza..cierto. Supongo que las cosas complejas nos llegan solas cuando nos hacemos adultos. Todo se complica. La familia, el trabajo, los amigos… Para que ir a buscar más complejidad? Para eso ya está la vie!

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