Vaya tropa que tenemos…

Durante la última interpelación al Gobierno celebrada hace pocos días en el Congreso de Diputados, vimos un ejemplo palpable de estulticia política. El Presidente Rajoy y el Secretario General del Partido Socialista, Pedro Sánchez,  no se pusieron de acuerdo sobre los datos.  Pero no sobre cualquier dato: sobre la cantidad de jóvenes que abandonan  España. Las diferencias no eran pequeñas. El socialista exponía en más de 500.000 los jóvenes que se veían obligados a salir del país, mientras que el Presidente ofrecía la cifra de unos 25.000. La proporción va de uno a veinte. La procedencia era idéntica: el Instituto Nacional de Estadística.

¿Cuál era la causa de que teniendo el mismo origen las cifras fueran tan distantes? Que medían cosas distintas. Para el Presidente sólo interesaban los que eran españoles con “pureza de sangre” y para Sánchez, en cambio, lo eran todos los jóvenes emigrados.

Una vez más los políticos relevantes me han sorprendido. Lo importante para ellos no eran las medidas para solucionar una sangría de juventud preparada. No les preocupa sus perversas consecuencias sociales. Lo relevante para ellos era la cantidad real. Es decir, si la cifra era de 25.000, el problema es menor, hasta incluso inexistente, y sólo requeriría atención si alcanzase la cantidad de 500.000  jóvenes emigrados. Mientras tanto,  el resto de los representantes políticos no se sentían concernidos. Ni una palabra al respecto.

Esa es nuestra vergüenza. Es un bochorno colectivo. Hemos convertido un problema grave, muy grave, que puede condicionar nuestro destino como sociedad, en una discusión sobre guarismos. Me recuerda aquella fábula en la que dos liebres perseguidas por perros se pusieron a discutir sobre la raza de los chuchos. Son galgos decía una….son podencos argumentaba la otra. Cuando llegaron, los canes acabaron con la vida de las dos discutidoras liebres.

Para nosotros, ciudadanos de este curioso país, lo importante es que nuestros líderes nos han detenido a todos para contar y verificar el número de damnificados. No han ofrecido, ni unos ni otros, ni los que están ni los que esperan estar, cauces para encontrar soluciones progresivas a ese problema grave y que amenaza con seguir expulsando sin cesar a la “juventud más preparada”.

Me da la impresión que tenemos problemas profundos, complicados y graves y que aquellos a los que les hemos encargado avanzar en la búsqueda de soluciones son, en general, bastante incompetentes.

Tampoco se me escapa, como me decía algún joven expatriado a la fuerza: “no creo que vuelva, este es un país de catetos”. Puede ser que las dos cosas sean ciertas. Tenemos unos políticos incompetentes porque son elegidos por un colectivo de catetos. En resumen, vaya tropa que tenemos…

Podrán preguntarse ¿Y esto tiene algo que ver con la innovación o el comercio? Les diría que mucho. Es imposible o, al menos casi imposible, poder innovar con ese marco político y no les digo nada de las posibilidades de hacer negocios. La historia demuestra que se puede cambiar y comerciar sin apoyo político. No conozco ningún caso en el que se haya podido hacer peleando con incompetencia política. Si se conoce alguno, con gusto tomaré adecuada nota.

Pedro Ruiz Aldasoro

Escrito por

Nací en Bilbao y me defino como un promotor inquieto. He combinado mi licenciatura en económicas con diferentes áreas de mi interés, que me han llevado a especializarme en planos como el emprendimiento en industrias creativas, desarrollo de empresas, fomento de centros creativos... Sin embargo, prefiero que sean los proyectos en los que participo los que hablen de mí. Destaco por ejemplo la atracción del museo Guggenheim a Bilbao, o la creación del programa Vaya Semanita. La novedad no me asusta, y creo que para innovar hay que ser inconformista. Me gusta la modernidad y combino con comodidad la reflexión y la acción.

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