A Propósito de la Modernidad Líquida

Un concepto creado y reflexionado por uno de los mejores sociólogos contemporáneos, el polaco Zygmunt Bauman, tristemente desaparecido el año pasado.

Creo firmemente en todas las tesis que propone su autor, tanto sus afirmaciones sobre el cómo nos comportamos actualmente, en un constante romper y crear relaciones en función de las motivaciones y valores personales, así como el modelo de liquidez y preponderancia de lo individual, que nos lleva a una cárcel existencial, creada con unos preciosos barrotes construidos y personalizados por nosotros mismos.

En el campo de las relaciones laborales, no solo entre los individuos que forman ese grupo social llamado empresa, sino también entre la empresa (individuo jurídico) y ellos, vemos como cada vez más los trabajadores (cuello blanco o azul) quieren verse recompensados en lo personal, a sabiendas que su carrera profesional es algo que les llevará hacia la puerta de salida (grande o pequeña, delantera o trasera), más que hacia un mejor puesto dentro de la organización.

Los ejercicios de coaching, gamificación y los esfuerzos que las empresas hacen por retener a las personas que crean valor (necesidad acentuada por la economía del talento) son más y más costosos. Creo que además de tener el indicador de CAC (Coste de Adquisición de Cliente) habría que empezar a considerar el CAP (Coste de Adquisición de Personal), que podría ser un síntoma de cuánto mejor se mueve una empresa en este modelo de relaciones líquidas.

Por otro lado, las relaciones entre empresas pasan cada vez más del simple modelo de cliente, proveedor o competidor, a formatos más complejos, propio de transitar de una modernidad sólida (lo que Bauman visiona como el modelo de la revolución francesa) a una modernidad líquida.

De esta forma aparecen términos como prosumidor, cliente que provee de conocimiento y tiene capacidad de diseñar conjuntamente el producto que da solución a sus necesidades.  O competencia por coopetencia, como por ejemplo el FC Barcelona y el Real Madrid, que siempre quieren derrotarse, pero cuando se trata de hacer crecer y potenciar  el negocio del futbol, ambos rivales van de la mano.

Además, hemos creado un mundo donde los valores personales prevalecen  como forma de relación (quizás una de las mayores manifestaciones es el relativismo del mayo del 68). Donde cada día tenemos menos cierto el futuro y nos conformamos con lo que existe hoy. Llegados a este punto,  no es malo pensar en desarrollar dos tipos de habilidades cada día más imprescindibles.

Innovar, como concepto básico para adaptarse rápidamente a un entorno cambiante, donde tu enemigo pasa a ser tu aliado (Donald Trump se levanta una mañana acusando a los rusos de la masacre en Siria, cuando hace dos años  utilizaba a sus hackers para ganar las elecciones).

Gestionar un proyecto, en una sociedad líquida donde los valores cambian y, por lo tanto, nuestros objetivos pueden variar rápidamente y el concepto de éxito o integración en el grupo también. Gestionar tu proyecto de vida con ese grado de incerteza, variabilidad y angustia vital se transforma en el pedazo de mueble que salva a la chica del Titanic mientras su novio se hunde en el gélido mar.

Para finalizar, hay que hacerse una gran pregunta: ¿tanta liquidez es buena? Y es mejor contestarla desde la visión individual: ¿cómo me afecta levantarme cada mañana y no saber que pasará al día siguiente?

Antes, la angustia vital la generaba no saber qué pasaría al siguiente a mi muerte. Hoy, la angustia vital viene de no saber qué va a pasar cuando termine el proyecto (si es que no se aborta a la mitad). Esto nos está llevando a un grado de inmediatez en las decisiones y los resultados que a mí por lo menos no me gusta.

No sé a vosotros…

Jose Antonio Galaso

Escrito por

Nací en Barcelona, donde actualmente me encuentro de nuevo tras haber vivido en países como Chile o México. Siempre he creído que la tecnología jugaría un papel protagonista en la sociedad y en el modo en que abordaríamos los mercados, por lo que estudié informática y posteriormente he desarrollado mi carrera profesional estudiando cómo afectan las TIC a los modelos de negocio y a la relación entre las personas, interesándome especialmente su interacción con la innovación y el emprendimiento. Creo que podemos y debemos innovar la innovación, para lo cual una visión global y la colaboración internacional e intercultural se antojan imprescindibles.

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