Por qué fracasan los países

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Buscar culpables externos de aquello que nos ocurre como pueblo, como nación, a veces resulta tan tranquilizador que muchos no lo pueden evitar. Apelar a los enemigos eternos de la patria, a las aspiraciones imperialistas de los países poderosos, o las conspiraciones judeo-masónicas de grupos ocultos bajo los mantos del poder, es una práctica muy común en ciertos ámbitos sociales.

Todo esto contribuye a designar culpables, a justificar destinos, pero aporta muy poco a la hora de intentar dilucidar esos fenómenos políticos y económicos que hacen que países, en apariencia similares, se diferencien tanto en su desarrollo.

El turco Daron Acemoglu y el inglés James Robinson ensayan y analizan las causas de la desigualdad social, a partir de la creación de unas instituciones políticas, que determinan a su vez la imposición de instituciones económicas extractivas o inclusivas.

Por qué fracasan los países es una brillante comparación de historias reveladoras, que nos pone en evidencia una verdad contemporánea: la política es el proceso mediante el cual una sociedad elige las reglas que la gobernarán.
Y eso es mucho más que votar a unos señores de dudosa experiencia y formación, que controlen el gasto público o hagan lo contrario. Implica pluralismo, innovación, desarrollo industrial, distribución de riqueza, intercambio y educación. Nada menos.

 

| Autores: Daron Acemoglu y James Robinson

| Editorial: Deusto, 2014

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Néstor Salvador Boichenco

Escrito por

Nací en Buenos Aires cuando aquello brillaba de muchas maneras y, después de varias vueltas por aquí y por allá, hace más de 15 años que estoy afincado entre la ciudad de Bilbao y sus magníficas conexiones aéreas. He trabajado en distintos países, con empresas americanas, alemanas, francesas y españolas, cuya diversidad organizacional me ha llevado a participar en el mundo moderno, en red, cada vez más complejo y globalizado. Dice un buen consultor argentino que cultura también significa “cómo se hacen las cosas aquí” y en verdad es muy cierto. Sigo pensando que aceptar otras formas de hacer nos permite ser flexibles y entrenables. Hoy, puedo mezclar experiencia y metodología para contribuir a crear estrategias comerciales, innovadoras y orientadas a la internacionalización. Siempre con ideas nuevas y muchas ganas, pero sin olvidarme que aprender sigue siendo un deporte de contacto.

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