La Hora del Desarrollo Territorial

Ahora que parece que los negocios inmobiliarios no serán los que van a levantar el país (o al menos ya no nos fiamos tanto de ellos), hablar de desarrollo territorial debe, por fuerza, tomar otra dimensión y perspectiva.

El desarrollo del territorio siempre se ha asociado a crear carreteras y polígonos industriales, urbanizar zonas  e incorporar todo tipo de infraestructuras.

Con el paso del tiempo, se añaden a este conglomerado de actuaciones la necesidad de prestar servicios a los ciudadanos, también a las distintas entidades del territorio y por supuesto a la administración de los recursos y la gobernanza. Actualmente,  esto es lo que completa la función pública, sin entrar en la capa política, que orienta los objetivos o la implementación técnica de eso que se tiene que hacer.

Pongamos foco pues en cómo se adapta este modelo al paradigma social y económico actual, para analizar algunos cambios importantes que se están produciendo en las estrategias de desarrollo territorial.

Desde el punto de vista de lo social, el concepto de arraigo merece una seria revisión. El sociólogo y ensayista polaco  Zygmunt Bauman crea el concepto de modernidad liquida aplicado a hechos sociales hasta ahora no pensados. Las personas no se sienten vinculadas a nada de por vida, y menos aún las nuevas generaciones, que necesitan una motivación basada en crear cosas que les interesen.

Con este nuevo punto de vista, desarrollar infraestructuras colosales ha de atender más a una necesidad logística que a una necesidad de competición territorial para atraer a la gente.

Otro eje a tener en cuenta  para replantearse la estrategia de desarrollo territorial es el cambio producido en el modelo económico. Pasamos de una visión industrial donde se premia la inversión en tangible y el rendimiento del esfuerzo del trabajador, a una visión donde se valora lo intangible y se premia la creatividad y la innovación de personas y organizaciones. Al menos esto sucede en los territorios desarrollados,  avanzados o en vías de desarrollo.

Con este nuevo paradigma, seguir pensando en que el desarrollo territorial se impulsa invirtiendo solamente en creación de infraestructuras o atrayendo empresas a polígonos industriales, es impulsar con la mitad de la fuerza necesaria.

Planteados estos dos cambios fundamentales, la pregunta que surge es ¿Qué hacemos ahora? Y en especial con las nuevas generaciones.

Después de varias experiencias personales, algunas conferencias y visitas a territorios que se han ocupado de estas situaciones, la conclusión no es menor: a las líneas generales de trabajo hay que añadir adaptaciones a la realidad social, cultural y empresarial de cada sitio.

Tras muchos años trabajando en ello, tengo muy claro que se necesita un organismo líder. Lo habitual es que el Ayuntamiento impulse un programa orientado bajo este paradigma y tome su primera decisión estratégica: entregarlo a una entidad municipal, que debe tener la capacidad, la actitud y el reconocimiento territorial para poner en marcha el programa de cambio.

Pondré dos buenos ejemplos que he vivido de cerca.

En Catalunya, Cornellà de Llobregat decide hacerlo desde su unidad de Promoción Económica y no desde el Citilab (reconocido internacionalmente y con años de experiencia en el ámbito de innovación), pues es la primera quien tiene mayor capacidad para llegar a todo el tejido empresarial y desarrollar proyectos de este tipo.

El concepto es crear un ecosistema donde converjan las voluntades emprendedoras del territorio. Es decir: las necesidades de un tejido empresarial que se adapta rápidamente a los cambios del mercado y el talento representado por jóvenes que tienen una formación media/alta y que pueden apoyar este movimiento.

La creación de un espacio que consolide este nuevo  ecosistema hace que la unidad de promoción económica, que hasta el momento se centraba  en apoyar administrativamente y a nivel de gestión los proyectos emprendedores (y a gestionar los inmuebles municipales), pase a tener un rol de gestor del ecosistema y a movilizar del talento y el capital intangible.

Fruto de esto se logran varias promociones de noveles empresas que son presentadas a concursos de inversión y a otras empresas ya consolidadas del tejido empresarial, que contribuyen simultáneamente para atraer a nuevos promotores y talentos hacia el ecosistema en marcha.

En el caso de Barcelona sucede lo mismo, pero sus necesidades implican un enfoque territorial  propio. La ciudad dispone de un potente HUB de talento y emprendimiento como es Barcelona Activa, situado en 22@, el barrio de desarrollo de empresas TIC por excelencia (actualmente el tercer centro de atracción de start ups de Europa).

El problema es potenciar el talento local, ya que gran parte es extranjero o proviene de las universidades.

El talento local o de nivel de estudios medios permanece oculto en otros barrios. Para encontrarlo existe la visión de la Red de Ateneos de Fabricación, que buscan conectar el talento de los barrios con las necesidades ciudadanas mediante una estrategia de empoderamiento en el uso de metodologías de diseño, participación y uso de nuevas tecnologías.

Como se ve, la función cambia y en ambos ejemplos, con realidades y elementos diferentes, hay una orientación común: la creación de un ecosistema, independientemente del territorio donde se desarrolla la transformación. Pasan de ser unidades de apoyo al emprendimiento que esperan la llegada de un promotor con iniciativa para brindarle recursos físicos, administrativos y búsqueda de financiación (también algo de formación y orientación), a unidades que han creado y fortalecido un ecosistema basado en el talento, con el objetivo de conectarlo a otros actores que lo potencien y lo pongan en valor.

Hasta aquí todo bien, la pregunta que debe surgir es ¿Cómo hacer esto?

La respuesta la dejamos para los siguientes post…

Jose Antonio Galaso

Escrito por

Nací en Barcelona, donde actualmente me encuentro de nuevo tras haber vivido en países como Chile o México. Siempre he creído que la tecnología jugaría un papel protagonista en la sociedad y en el modo en que abordaríamos los mercados, por lo que estudié informática y posteriormente he desarrollado mi carrera profesional estudiando cómo afectan las TIC a los modelos de negocio y a la relación entre las personas, interesándome especialmente su interacción con la innovación y el emprendimiento. Creo que podemos y debemos innovar la innovación, para lo cual una visión global y la colaboración internacional e intercultural se antojan imprescindibles.

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