Innovaciones Financieras

Ha pasado mucho tiempo desde que los jonios inventaron la moneda, el primer medio de pago acuñado por un mecanismo. Sus rivales y otros pueblos notables alteraban la proporción de oro y plata y con ello inventaron la devaluación. Algunos, no muy familiarizados con el concepto, lo confundían con aligerar su peso a base de limar los cantos, cuestión que se resolvió con unas innovadoras y perfectas ranuras, que ponían en evidencia una tarea tan poco profesional. Mientras, los agentes inmobiliarios de la Antigua Roma buscaban un buen instrumento para asegurar el pago de una deuda, que pensaban denominar hipoteca…

Luego vino el papel de los chinos, que no es lo mismo que preguntarse qué papel tienen los chinos en esta historia. Me refiero al papel moneda, elemento que simplificó el transporte de metales feos y más concretamente de los preciosos. No paso tanto tiempo hasta que los banqueros florentinos se dieron cuenta que con el papel se podía volver a innovar y emitir pagarés, nuevo elemento este que algunos de la época lo interpretaron como un “ya te pagaré” en lugar del calculado y bien intencionado “yo te pagaré”…

Llegamos al Siglo XVIII y se sigue innovando con materiales y conceptos:

Nacen los billetes, un producto magnífico, cuyo valor es superior al papel en que se imprimen. Unos años después los ingleses descubren que el patrón oro depende del oro y en el horizonte se avecina la abuela de la innovación financiera moderna: el dinero fiduciario, esto es, una lámina con una imagen incuestionable y una frase para la posteridad, cuyo valor está respaldado por la palabra del Gobierno.

Por increíble que nos parezca, el dinero fiduciario ha sobrevivido al paso del tiempo y poco a poco se convirtió en algo tan mundano que hasta los hombres de negocio se lo podían olvidar en casa. Uno de ellos, con un apellido muy importante por cierto, disfrutaba de una cena cuando descubrió que no disponía del suficiente metálico para pagar la cuenta, entonces llamo a su esposa reclamando auxilio. La mujer, pragmática como todas, le espetó: “¿Siempre en el mismo restaurante y aun no tienes crédito?”

Dicen los que saben que en la mesa contigua había un señor del Bank Of America observando la situación y diseñando el consumo del futuro mediante la innovadora tarjeta de crédito, que a los pocos meses de vida descubrió el plástico y con ello la inmortalidad.

Pero el futuro también estaba engendrando a la madre de la innovación financiera postmoderna: la titulización, que explicado educadamente, consiste en organizar paquetes con hipotecas y otros activos y venderlo a gente de cualquier familia y condición.

Este delicado producto necesitó un cambio en las reglas de juego (también llamado complicidad) y más que reducir el riesgo lo que hacía era ocultarlo, permitiendo que el sector financiero creciera a un ritmo insostenible.

Cuando el desastre ya era evidente y había que inyectar capital, desde las entrañas de varias entidades financieras surgieron los innovadores que propusieron confundir la renta fija con la variable para meter mano en los ahorros ajenos, utilizando nombres insípidos y anodinos como preferentes, derivados, subordinados, swaps, etc. Rápidamente se lanzaron a la conquista de cada barrio que tuviera una farmacia y una oficina bancaria…para detenerse más tarde cuando abusaron de la confianza de sus clientes, que ya no se sentían tan agradecidos por un viejo préstamo y un par de tarjetas de crédito.

En ese contexto tan abrasivo para pequeños y medianos inversores, donde algunas entidades financieras tienen el cinismo suficiente para pasarse el contrato social de Rousseau por el Arco del Triunfo, aparece en escena la Unión Europea.

Lo hace por medio de la Directiva conocida con el nombre de MiFID (Markets in Financial Instruments Directive), ya incorporada al ordenamiento jurídico español, que pone en marcha el proceso para diferenciar las actividades de la banca comercial (financiación y servicios generales) de las inversiones financieras.

La Directiva MiFID tiene ideas innovadores: clasificar a los clientes inversores e incrementar fehacientemente su nivel de protección…Un vecino que tiene ahorros y una pyme me preguntaban: ¿De quién nos tienen que proteger?, ¿De los bancos?

Además, exige transparencia (información entendible) e impulsa la creación de las Empresas de Asesoramiento Financiero (EAFI), autorizadas y supervisadas por la CNMV, que tienen la obligación de ser independientes y ofrecer recomendaciones personalizadas en materia de inversión.

Es decir, ahora es más fácil evitar la información sesgada y el direccionamiento a productos financieros propios o inadecuados, el asesoramiento no queda únicamente en las manos de su banco… ¿de confianza?

España ya cuenta con más de 150 EAFIs y seguramente su número seguirá aumentando. Depende de nosotros conocer las nuevas regulaciones europeas. Podemos seguir la línea de los que dicen que se trata de lo mismo, o aprovechar la oportunidad y averiguar cómo invertir mejor.

 

Néstor Salvador Boichenco

Escrito por

Nací en Buenos Aires cuando aquello brillaba de muchas maneras y, después de varias vueltas por aquí y por allá, hace más de 15 años que estoy afincado entre la ciudad de Bilbao y sus magníficas conexiones aéreas. He trabajado en distintos países, con empresas americanas, alemanas, francesas y españolas, cuya diversidad organizacional me ha llevado a participar en el mundo moderno, en red, cada vez más complejo y globalizado. Dice un buen consultor argentino que cultura también significa “cómo se hacen las cosas aquí” y en verdad es muy cierto. Sigo pensando que aceptar otras formas de hacer nos permite ser flexibles y entrenables. Hoy, puedo mezclar experiencia y metodología para contribuir a crear estrategias comerciales, innovadoras y orientadas a la internacionalización. Siempre con ideas nuevas y muchas ganas, pero sin olvidarme que aprender sigue siendo un deporte de contacto.

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