El silencio de los corderos

Hace algunos días compartí un post de Julen Iturbe, a quien aprecio mucho y cuyos comentarios me merecen un gran respeto. El post se titulaba “Sobre excelentes y populares borregos egresados de la universidad”. Hablaba de las cualidades y conocimientos que se inculcan a los jóvenes en el proceso educativo y que están encaminadas a convertirlos en buenos trabajadores y una gran mano de obra que no cuestione el sistema.

Como buenos corderitos acuden en silencio a la llamada y se mueven sin más en la dirección que se les indica. Hacen sus reivindicaciones, manifiestan sus quejas y se apuntan a los debates sobre el modelo educativo, que si nos fijamos bien, consiste en hablar de cómo se va a asegurar que al final de ese camino vamos a conseguir un trabajo en el sistema (¿Qué sistema?), o de cómo se han de realizar las clases y, sobre todo, qué asignaturas son más importantes.

¿Y la pregunta esencial quién la hace? ¿Para qué sirve estudiar? NO, por favor, esa pregunta está prohibida.

Imaginemos por un momento que un borreguito (no un cerdo como en el libro de Rebelión en la Granja) diga: yo quiero estudiar para ser una persona que piense y a través de ese pensamiento me pueda integrar mejor en el universo… ¿Qué sucede? No es tan raro pensar así, esa era una de las premisas de la filosofía griega clásica.

Resulta que ya hay borreguitos que piensan así. Motivados, inquietos, innovadores, preguntones, con los ojos abiertos… Sí, habéis acertado, esos que en clase generalmente el profesor persigue porque le incomodan.

Esos han de estar callados, en silencio, porque el sistema posee una serie de anticuerpos para bloquearlos, abducirlos a la inmensidad de la manada y si es necesario, eliminarlos (intelectualmente claro está), como pasaba en la película Matrix cuando se detectaba a un grupo de rebeldes o las grandes persecuciones de Harrison Ford a los pellejudos de Blade Runner porque querían saber si podían tener más vida.

Pero la situación es increíble (no se me ocurre otro adjetivo). En una Europa que está buscando su lugar social y económico en un mundo cada vez más globalizado, este tipo de borregos han de ser neutralizados.

Justo los que son capaces de visualizar, conceptualizar y diseñar un nuevo futuro, son los que hay que callar (a pesar de que ellos ya están callados por autodefensa). Son a los que, desde la educación, hay que hacer un mayor esfuerzo para poder “enderezar”. La lógica dice que hay que fomentar este tipo de corderos.

Más que hablar de una transformación del modelo educativo, pensemos en cómo complementarlo, para que estos corderitos balen con fuerza y se pongan a la cabeza de la manada.

Además del supremo esfuerzo que se está haciendo en todos los países de la UE por seguir la directrices que potencia el desarrollo de las STEM (Science, Technology, Engineering and Math) en la educación, como parte de la estrategia del Plan Europa 2020, añadamos dentro del modelo educativo la visión de Habilidades del Siglo XXI.

¿Y eso qué es? De lo que he leído recupero aquí algunos de los conceptos que el Partnership for 21st Century Skills escribe:

Cosas tales como Resolución de Problemas, Comunicación, Cooperación, Innovación, Liderazgo, Autodeterminación…

Es decir, todo aquello que luego cuando somos mayores se nos echa en cara que no tenemos a la hora de realizar una actividad, o aún peor, lo que no tenemos y por lo que no somos capaces de poner en marcha un proyecto, ni tan siquiera nuestro propio proyecto de vida que nos ha de hacer crecer como personas.

Imaginemos que cuando un joven tiene 18 años, es capaz de pensar en cómo quiere que sea su futuro, no escogerlo entre la gama de opciones que el sistema le ofrece, y sabe diseñar un proyecto que lo lleva hacia él, y sabe liderarlo para que esa actividad conviva armoniosamente con su entorno, y que las diferencias las transforma en motor para crear nuevos conocimientos y no como espacios de lucha.

¿Cuándo el debate político va a incluir todo esto? ¿Cuándo los borregos silenciosos podrán balar tranquilos para que se incorporen a la manada y nos guíen hacia nuestro auténtico destino, el que cada uno ha decidido tener en paz y armonía?

Beeeeeee

Jose Antonio Galaso

Escrito por

Nací en Barcelona, donde actualmente me encuentro de nuevo tras haber vivido en países como Chile o México. Siempre he creído que la tecnología jugaría un papel protagonista en la sociedad y en el modo en que abordaríamos los mercados, por lo que estudié informática y posteriormente he desarrollado mi carrera profesional estudiando cómo afectan las TIC a los modelos de negocio y a la relación entre las personas, interesándome especialmente su interacción con la innovación y el emprendimiento. Creo que podemos y debemos innovar la innovación, para lo cual una visión global y la colaboración internacional e intercultural se antojan imprescindibles.

Un comentario a “El silencio de los corderos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *