El Mito del Líder Fuerte

Dicen que la política es un invento de un griego llamado Aristóteles y que se trata de una actividad muy humana, cuyo objetivo principal es orientar la acción del Estado en beneficio de la Sociedad. Bueno, eso dicen…

Los políticos son esos señores delgados que vemos mucho por la TV y que intentan a menudo colgarle la etiqueta de débil a su principal adversario.

Al parecer, siguen luchando contra las debilidades de siempre, pero sumando ahora los efectos de la globalización. Mientras tanto nosotros, los ciudadanos anónimos, articulamos una mayoría silenciosa que insiste en votar al candidato que promueva los sentimientos correctos, no al que aporta los mejores argumentos. Lo llaman popularmente democracia y, aunque no guste y las formas también tengan sus matices, desde que existe la propiedad privada necesitamos un sistema para establecer gobierno, designar un líder, defender lo propio y prosperar.

¿Qué clase de líder necesitamos?

¿Cuánto poder estamos dispuestos a otorgarle?

El politólogo británico Archie Brown ha realizado un formidable análisis de varios dirigentes mundiales en su contexto histórico, sin omitir el papel que la cultura política de cada sociedad les impone. No todos compartimos los mismos valores: algunos países prefieren un líder con poderes ilimitados a cambio de orden, otros hacen hincapié en la limitación y en cómo hacerlo jurídica y políticamente responsable de sus actos.

El Mito del Líder Fuerte  es un libro inteligente y bien documentado. Su autor los distingue con rigor: reformistas, transformadores, revolucionarios o totalitarios… Reagan, Thatcher, Adenauer, Tito, Brandt, De Klerk, De Gaulle, Gorbachov, Mandela, Xiaoping, Ho Chi Minh, Mao, Stalin, Castro, Blair…y también el español Adolfo Suárez, entre tantos otros.

No está incluido ni Rajoy ni Sánchez. Tampoco Macri, Maduro o Macron…

Quizás en un próximo libro, con permiso de Trump, of course.

 

| Autor:  Archie Brown

| Editorial: Los Confusos, 2018

Néstor Salvador Boichenco

Escrito por

Nací en Buenos Aires cuando aquello brillaba de muchas maneras y, después de varias vueltas por aquí y por allá, hace más de 15 años que estoy afincado entre la ciudad de Bilbao y sus magníficas conexiones aéreas. He trabajado en distintos países, con empresas americanas, alemanas, francesas y españolas, cuya diversidad organizacional me ha llevado a participar en el mundo moderno, en red, cada vez más complejo y globalizado. Dice un buen consultor argentino que cultura también significa “cómo se hacen las cosas aquí” y en verdad es muy cierto. Sigo pensando que aceptar otras formas de hacer nos permite ser flexibles y entrenables. Hoy, puedo mezclar experiencia y metodología para contribuir a crear estrategias comerciales, innovadoras y orientadas a la internacionalización. Siempre con ideas nuevas y muchas ganas, pero sin olvidarme que aprender sigue siendo un deporte de contacto.

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