24 horas: Montevideo inolvidable

Los siguientes hechos tienen lugar entre dos ciudades del Río de la Plata y le suceden cada tanto a la legión de elegidos que vamos por ahí con una cariñosa maleta Samsonite, Delsey o similar.

 

18:00 / 19:00 hs.

Punto final a dos días de entrevistas y reuniones.

Estamos a punto de vender algo, vamos ganando.

El servicio de taxi del aeropuerto de Carrasco viene a buscarme al Hotel Radisson Vitoria Plaza de la ciudad vieja.

19:00 / 20:00 hs.

Una rambla tan bonita como siempre anuncia la llegada de una tormenta perfecta. Mientras conduce su Mercedes Benz, el chófer observa mi cara de víctima y sonríe como Jack Nicholson en El Resplandor. Llegamos a Carrasco y pago 910 pesos uruguayos, un 30% menos respecto a mi viaje de ida.

20:00 / 21:00 hs.

Tengo la última reunión en el aeropuerto, cosas del directo.

Voy al mostrador de Aerolíneas Argentinas para obtener mi boarding pass de papel. El del móvil no les convence. Me advierten que se viene una tormenta perfecta y que mejor subir al próximo vuelo (21:00 hs), que el de las 23:00 hs será cancelado por inundación de país. Mi última reunión desaparece.

21:00 / 22:00 hs.

He pasado migraciones preparado para un viaje de 30 minutos en un Embraer 190 de fabricación brasileira. Aerolíneas Argentinas anuncia la cancelación de sus operaciones. Del otro lado del Río de La Plata, en Buenos Aires, la gente disfruta de la lluvia viendo pasar los coches flotando por sus grandes avenidas.

Vuelvo a migraciones con intenciones de regresar a la mañana siguiente. Surge un problema: mi pasaporte dice que he salido de Uruguay dentro de 30 días. Después de 40 minutos, los funcionarios terminan de analizar la relación presente-futuro y deciden que hubo un error y que soy el mismo que salió hace menos de una hora…

22:00 / 23:00 hs.

Llamo a mi cuartel central de Bilbao para que hagan reserva urgente en el Radisson Vitoria Plaza antes de que sea demasiado tarde.

Me informan que no cogen el teléfono y entonces proceden a asegurar habitación con el Dios Booking.

Aerolíneas Argentinas me cambia el vuelo para las 8:30 de mañana.

Viajaré en Bussines, me parece que vamos ganando.

Llego al Radisson después de pagar 1300 pesos uruguayos al taxi de Carrasco.

23:00 / 24:00 hs.

En la recepción del hotel todos me conocen y me saludan con cara de feliz cumpleaños, pero la tarifa mostrador (cliente en apuros) es de 300 dólares.

El insensible ordenador de Booking me vendió la misma habitación con desayuno incluido y por 80 dólares menos. El Wi-Fi es estupendo y el mini bar está vacío. La política Radisson es simple: si pides un combo mínimo de 3 birras, 3 aguas, 3 coca-colas y una bolsa de patatas fritas, ellos hacen el esfuerzo de ponerlo todo junto en la neverita.

00:00 / 01:00 hs.

La tormenta perfecta pasa de estado amenaza a modo te vas a enterar

Estoy a salvo en la planta 15. Miro las ventanas y tengo la misma sensación que cuando estoy dentro del coche, en el lavadero automático del Makro de Erandio.

 

03:00 / 04:00 hs.

Me despierto en el barco de George Clooney, el capitán del Andrea Gail.

Una hermética ventana no pudo resistir más la fuerza del viento y la tormenta perfecta inunda la habitación 1760 del magnífico Radisson Plaza de Montevideo.

La noticia conmueve a un señor bajito de mantenimiento y entre los dos finalmente logramos poner en su lugar el malogrado cerramiento.

Quedamos empapados, pero al menos el manitas estaba vestido.

 

06:00 / 07:00 Hs.

Amanece con lluvia pero estoy preparado para cruzar el Río de La Plata. Es mi momento, es Velatia.

Llego al aeropuerto después de pagar 930 pesos uruguayos al servicio de Taxis de Carrasco. El chófer me entrega mi tarjeta de viajero frecuente.

Pregunto en los mostradores y me dicen que nos vamos para allá, donde existe Buenos Aires, para que un vuelo de Air France por la tarde me lleve todavía más allá del Atlántico.

07:00 / 08:00 Hs.

Me advierten en migraciones que mi pasaporte ya no tiene ninguna hoja libre para sellar. Juro por la memoria de Kon-Tiki que si logro llegar a Bilbao lo renovaré. Antes de ver las mismas ofertas de siempre en el Free Shop un señor de Aerolíneas Argentinas anuncia la cancelación de mi vuelo y el suyo.

Me rindo a una azafata de American Airlines que pasaba por ahí pero me dice que tengo que hacerlo con mi compañía aérea.

08:00 / 09:00 Hs.

Reflexiono mirando al cielo y en el cielo descubro que no hay nada que vuele hoy sobre el rio. Sospecho de pronto que los barcos seguirán flotando. Nuevamente recurro a mi cuartel central para conseguir rápidamente un billete en el Buquebus de las 12:00. Tocan tres horas de Bussines, no hay lugar para turistas.

El servicio de taxis de Carrasco me compra el periódico y me pide 1300 pesos uruguayos por llevarme al puerto de la ciudad vieja.

Llueve y la rambla está colapsada por un accidente múltiple. Nada que no se pueda resolver en menos de 120 minutos.

 

11:00 / 12:00 Hs.

El empleado de Buquebus me dice que el ferry zarpará con una hora de retraso.

Me desespero civilizadamente observando un espantoso automóvil chino de la marca FAW, el Oley, que exhiben con orgullo en el salón de pre-embarque.

12:00 / 13:00 Hs.

Entre los gritos entusiastas de unas 400 personas provenientes del aeropuerto de Carrasco, hace su entrada triunfal a puerto el buque Juan Patricio.

Estando todos muy formales y listos para embarcar, de pronto una voz amiga anuncia por los altavoces que debido a problemas técnicos el horario de partida se suspende hasta nuevo aviso….

 

15:00 / 16:00 Hs.

El personal de tierra de Buquebus ha repartido bocadillos y refrescos, el pequeño bar de la zona de embarque ya no tiene mucho para vender.

Una socióloga argentina toma apuntes sobre los grupos de pasajeros que se han creado: A) me llevan a Buenos Aires o voy a romper todo B) me llevan a Buenos Aires o voy a llorar  C) mi vida es un absurdo.

Me siento identificado con los tres.

16:00 / 17:00 Hs.

Buquebus anuncia la partida del Juan Patricio con destino a la ciudad de Buenos Aires y tal. No importa si llueve o si las olas tienen tres metros de altura, solo queremos salir con vida de Montevideo.

 

19:00 / 20:00 Hs.

Llegamos a Puerto Madero, Buenos Aires, entonando un viejo tango de Gardel.

No hay parada de taxis, tampoco taxis. Están todos ocupados en mantener el ritmo imparable de una noche de jueves. Mi vuelo de Air France es inalcanzable. 24 horas inolvidables para salir de Montevideo.

“Carreta parada no hace jornada” decía mi madre…Ya estoy aquí, me voy andando a buscar un hotel…

Néstor Salvador Boichenco

Escrito por

Nací en Buenos Aires cuando aquello brillaba de muchas maneras y, después de varias vueltas por aquí y por allá, hace más de 15 años que estoy afincado entre la ciudad de Bilbao y sus magníficas conexiones aéreas. He trabajado en distintos países, con empresas americanas, alemanas, francesas y españolas, cuya diversidad organizacional me ha llevado a participar en el mundo moderno, en red, cada vez más complejo y globalizado. Dice un buen consultor argentino que cultura también significa “cómo se hacen las cosas aquí” y en verdad es muy cierto. Sigo pensando que aceptar otras formas de hacer nos permite ser flexibles y entrenables. Hoy, puedo mezclar experiencia y metodología para contribuir a crear estrategias comerciales, innovadoras y orientadas a la internacionalización. Siempre con ideas nuevas y muchas ganas, pero sin olvidarme que aprender sigue siendo un deporte de contacto.

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